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Resumen conceptual de la propuesta curatorial.

Convocatoria
El progresivo descentramiento de lo humano en los discursos teóricos y en las artes a partir de la primera década del siglo XXI permitió el surgimiento de una gran cantidad de consideraciones sobre la animalidad, lo vegetal y la mineralidad, y de estéticas que combinan novedosamente las materialidades orgánicas e inorgánicas. La materia del arte ha dejado de ser el medium para “hacer visible lo invisible”, el lugar alquímico de transformación de lo inerte e informe en la idea sublimada a través de una representación. Así, en el contexto actual donde lo humano y lo inhumano entran en una zona de mezcla e indefinición no jerárquica, la materia ya no es el sustrato de la obra ni es parte de un mensaje que la trasciende, sino lo que hay más acá y más allá de la intervención antropológica que la transforme en un “recurso de auto-expresión”. Desde los conceptualismos de mediados de siglo XX, el arte ha incorporado como material propio desde las relaciones comunitarias hasta cierta determinación general de lo viviente, los modos de existencia animal, la experimentación técnico-biológica, los objetos virtuales, entre otros. Esta ampliación del material “disponible” para su “modelado” imaginario, debería dar aún el paso que permita avanzar no sólo más allá del privilegio otorgado a lo humano como central hacedor, sino también hacia una filosofía de lo existente que se libere del privilegio otorgado a la vida. De esta manera, el material dejaría de ser un “recurso” (natural: vegetal, animal, mineral o humano) y podría ser asumido como agente de sus propias transformaciones.
El eje curatorial que proponemos es el de un trabajo con la materia (y no sobre ella para in-formarla, cargarla de sentido y transformarla en metáfora): para devenir máquina híbrida con ella, sismógrafo que registre y potencie los temblores del encuentro. Se invita, entonces, a pensar una materialidad no inerte y una ontología de cuerpos que se construyen, conectan y propagan excediendo los criterios teleológicos, voluntaristas e interioristas tradicionales. Se trata tal vez de fantasear un cierto re-encantamiento (no romántico, es decir, no simbólico) del mundo que distribuya sensibilidad y capacidad de respuesta a través de lo existente, sin utilizar jerarquías “humanas”. Jerarquías que no sólo se presentan bajo la representación de lo humano, sino especialmente en el ser para el hombre de todo lo existente, ya sea para expresar las relaciones sociales, comunitarias, afectivas, o para denunciar los peligros que acechan la vida humana. Apostamos aquí a confiar en la literalidad de la materia antes que en la metáfora.

Por ello, invitamos a cartografiar lo existente en sus vibraciones y modulaciones independientemente de la determinación humana, es decir, antes de la arbitraria pero interesada separación de la forma y el contenido. Se trata de reorientar las definiciones y las relaciones entre los “reinos” (animal, vegetal y mineral) en pos de explorar una práctica no antropocentrada. En las últimas décadas, de la mano de los estudios ecológicos críticos, se ha tomado con mayor seriedad el llamado a des-naturalizar la relación entre existentes, haciendo del crecimiento y multiplicación de las conexiones (las redes de distribución que estamos acostumbrados a detectar en términos tecno-digitales) una perspectiva tanto ontológica como estética que permite replantear la cuestión de los elementos y los materiales no ya como “naturaleza” oprimida, defendida o dominada, sino antes bien como una extensión texturada donde el arte forma una malla sensible que sirve de interfaz y que cataliza nuevas relaciones.
Si el material ha sido pensado como medio, es decir, vinculado a un fin generalmente simbólico, proponemos que el artista inicie un viaje/exploración/movimiento conjunto con la pura medialidad material, de donde se espera emerja/surja/florezca eso que existe en prescindencia del hombre, eso inhumano que suele tomarse como mero material disponible.
Quisiéramos hacer foco en la literalidad de la materia, desplazando el eje problemático desde la tradicional tarea de consolidación de una esencia humana hacia la (des)obra de unas posibilidades sensibles y afectivas de las conexiones materiales entre especies y entre reinos. En esta dirección, convocamos a todos los modos de producción artística que hagan manifiesta esa materia que mancomuna los modos orgánicos e inorgánicos de existencia a partir de su indeterminación e inestabilidad, mutua interdependencia y contaminación.

Algunas de las cuestiones que podrían abrirse a la exploración:
enfoques novedosos sobre la agencia de la materia y su relación con la sensibilidad, el pensamiento y la capacidad de respuesta, desde una perspectiva que tenga en cuenta las lógicas animales, vegetales y minerales de existencia; la puesta en juego de la vegetalidad en las artes a partir de las ideas de intencionalidad no consciente, simbiosis e interdependencia de lo vivo; las posibilidades de figuración de mundos perceptivos alternativos y la exploración de vínculos amorosos inter-especies; el alcance político de las prácticas artísticas ligadas a la memoria cuando ésta es pensada desde lógicas inhumanas (animal, vegetal y mineral), que en lugar de apuntalarse en una concepción representativa del pasado, funcionan como registros corporales de la experiencia; la reformulación de una política posthumana de la materia capaz de trabajar con los problemas suscitados por concepciones pasivas y negativas de la “naturaleza” (a saber, la explotación agrícolo-ganadera, la contaminación y desaparición del agua, el saqueo biótico y el extractivismo de minerales); los cruces actuales entre biología, tecnología y producción artística que impugnan la oposición entre naturaleza y técnica; las formas del decir y hacer inorgánicas, desorganizadas o sin órganos; las alianzas inter-reinos e inter-especies en la resistencia al capitalismo; geologías de la memoria, el arte y la política, entre otras cuestiones.​

Del formato de las obras

El único criterio de aceptación de las obras es el que plantea el eje curatorial propuesto, es decir, que satisfagan el requisito de proponer una perspectiva sobre la agencialidad y la interagencialidad de la materia inorgánica u orgánica, virtual o efectiva. Por ello, las obras podrán tener un formato, una técnica y un desarrollo de carácter libre (es decir, se aceptarán obras, procesos, acciones, espacios e instalaciones, intervenciones, etc.).
A modo de referencias posibles para la elaboración de las obras y como imaginario de filiación abierto pueden considerarse las siguientes manifestaciones artísticas: el proyecto interdisciplinario The Multispecies Salon de 2008 (donde artistas como Patricia Piccinini, Praba Pilar, Caitlin Berrigan, etc. se reunieron con antropólogos e intelectuales en torno a preguntas acerca de los solapamientos entre los mundos naturales y culturales, las consecuencias del reclutamiento de ecosistemas completos en los esquemas de la biotecnología y el biocapitalismo y sobre las posibilidades de una “esperanza biocultural”); aquellas que toman el problema del suelo, minero, vegetal y animal latinoamericano como punto de partida desde las papas de Grippo hasta el cobre de de Ximena Garrido-Lecca en la instalación “Estados nativos” (2017); aquellas intervenciones que problematizan la mirada antropocentrada (y por lo tanto especista y racista) respecto de los genocidios americanos como las películas de Patricio Guzmán o los bordados sobre fotografías de miembros de una comunidad mapuche de Sebastián Hacher y Mariana Corral (Restitución, 2017); las obras que desde las vanguardias han explorado la plasticidad y la imaginería surgidas del análisis de la materia, desde Malevich al espectralismo musical francés de Grisey o Murail; las diversas cartografías que mapean lo que hay, desde las experiencias urbanas situacionistas del GAC o Iconoclasistas a los trabajos desarrollados en el marco del grupo de investigación y activismo independiente M7red (como el proyecto “Una asamblea de humanos y no humanos en la cuenca del Matanza-Riachuelo” (2009) y el “Archivo inundación 2016”); la obra en proceso “Grow” de Erica Seccombe, que utiliza imágenes en 4D para mapear el crecimiento de las semillas, en un inquietante isomorfismo con los embriones humanos; las obras Seed Boards (2013) y Ecological dispersal (2012) de Christine Mackey, que elaboran artísticamente los conceptos de “agencia de las semillas” y “banco de semillas”, y explora las fricciones entre la estética y el activismo ambiental mapeando las narrativas (a menudo incompatibles) de humanos y vegetales; las obras que trabajan la cuestión animal desde una mirada no simbólica ni especista, como las instalaciones irónicas de Mark Dion que discuten las taxonomías jerárquicas impuestas por la ciencia y la filosofía (Taxonomy of Non Endangered Species de 1990) o las ilustraciones más “literalistas” de Olly and Suzi (Raw de 1998); la imaginería cinematográfica de la espectralidad y la sensibilidad animal o inhumana y los vínculos entre las especies animales y vegetales, desde la extraña distopía de The falls de Peter Greenaway hasta la delicada heterotopía de La mujer de los perros de Laura Citarella y Verónica Llinás (2015).

Colectiva Materia